¿Dios ha muerto? Un mensaje inspirado en la revelación personal
"Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconciliarnos, los asesinos de todos los asesinos?"
Así comenzaba uno de los aforismos más conocidos de Nietzsche, la muerte de la idea de Dios como líder moral de nuestras vidas.
¿Tendría razón Nietzsche y más de un siglo después de estas palabras hemos enterrado definitivamente a Dios?
Mientras estudiaba el discurso del élder Cook "La bendición de la revelación contínua a los profetas y de la revelación personal para guiar nuestras vidas", no dejaba de pensar en el análisis que Rocío, creadora del canal de Youtube "La gata de Shrödinger" hacía sobre las palabras de este conocidísimo filósofo, para corroborar si se habían cumplido. ¿Dios ha muerto?
Recuerdo que, cuando era niña, mi fe en Dios estaba basada en un libro de oraciones del colegio, y en lo que contaba una Biblia ilustrada para niños que ojeaba de vez en cuando. Para mí, creer en Él, no significaba nada más que creer en una historia fantástica de un personaje supuestamente histórico, que realizó muchos milagros y que quería mucho a los niños.
No fue hasta que fui un poco más mayor, que empecé a descubrir a Dios de una forma más personal y menos infantil.
Durante su discurso, el élder Cook, menciona la importancia de tener un profeta en nuestros días. Este profeta, durante la última Conferencia General de la Iglesia, presentó una nueva proclamación para el mundo llamada: La restauración de la Plenitud del Evangelio de Jesucristo.
En dicha proclamación, los doce apóstoles y el Presidente de la Iglesia, el élder Russel M. Nelson, declaran con solemnidad, que el Evangelio y la Iglesia originales de Jesucristo, fueron restaurados hace 200 años, por medio de un joven que fue escogido para ser el nuevo profeta de Dios sobre la tierra después de casi 2000 años de oscuridad.
Yo recuerdo muy bien, cuando a la edad de quince años, escuché por primera vez la historia sobre la primera visión de Joseph Smith. Debería haberme parecido un poco extraño, pero la verdad es que esa historia encendió una llama de fuego en mi corazón que me inspiró a querer saber más.
Recuerdo una pequeña anécdota en la que, desesperada por poder encontrar mis gafas -ya llevaba unos días sin saber dónde las había dejado- me concentré e hice una oración para poder saber dónde estaban.
Esto nunca se lo he contado a nadie, porque no quería que la gente despreciara mi experiencia con la revelación personal, pero ahora que me siento entre amig@s, y aunque no fue una experiencia extraordinaria, sí que fue un acontecimiento lo bastante memorable como para no haberlo olvidado jamás.
Cuando terminé de orar, andtes de que ni siquiera pudeira abrir los ojos, vi mis gafas. No solo las vi, sino que también vi, exactamente el lugar dónde estaban. Esta visión llegó a mi mente como un rayo. No se trataba de un recuerdo.
Así que casi de un salto, me dirigí al hueco que se encontraba entre la esquina de mi cama y la pared, y...¡las encontré!
Me dio un subidón de alegría tremendo porque, en primer lugar, las había recuperado, pero simultáneamente, sentí que el gozo que estaba experimentando se debía a que por primera vez en mi vida, Dios no solo había contestado mi primera oración pidiéndole ayuda para encontrar un objeto que había perdido, sino que había recibido un testimonio del llamamiento de José Smith como profeta. "Así es como mi siervo José, supo dónde hallar las planchas de ora que contenían la historia del Libro de Mormón".
Estoy segura, de que muchos de vosotros deseáis tener o habéis vivido experiencias que os han guiado a hallar algo que habías perdido o a encontrar la verdad sobre algunos principios del Evangelio o misterios de Dios que os eran desconocidos.
Por favor, compartidlos conmigo.
Sé que ha habido muchos momentos en mi vida en los que he decidido matar a Dios. Lo maté al tomar malas decisiones, lo maté al tratar mal a mis amigos, lo maté al no ejercer la fe en sus promesas, lo maté al decidir no arrepentirme de mis pecados, lo maté cuando escogí sentirme desesperada en vez de amada...¡Lo he matado y enterrado tantas veces!
Pero el buen Dios, porque Dios es bueno, sé que recompensa cada uno de los esfuerzos que hacemos para volver a acercarnos a Él. Sé que, al meditar en las Escrituras, al vivir Su Evangelio, y al seguir el consejo que nos da por medio de la voz de sus profetas, la revelación llega por medio de Su Espíritu al nuestro.
Recuerda, que la guía que recibas para tu vida, procede de un Señor omnisciente que deliberadamente desea instruirte.
Recuerda que tu linaje es divino. Recuerda que eres un hijo o una hija de Dios. Recuerda que no hay nada que Dios no pueda hacer por ti, que no haya hecho antes por otro de sus amados hijos. Él vive. Testifico que Dios no está muerto. En el nombre de Jesucristo. Amén
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