10 octubre, 2021
Ayuno y testimonio (parte 10)

Ayuno y testimonio (parte 10)

 

Ya estamos en octubre, y en el ambiente se perciben brillantes tonos de color naranja, marrón, rojo y amarillo...Han caído algunas lluvias y ya se nota el fresquito cuando me acuesto por las noches, y casi a la hora de despertarme por las mañanas. Creo que no hay nada mejor que sentir el tacto de las sábanas enredándose entre mis pies buscando un poco más de calor, un poco más de suavidad, un poco más de esos "necesito cinco minutos más", un poco más de otoño. 

Mi estación favorita del año porque significa la despedida y el comienzo de muchas cosas...Despedida a un verano maravilloso, entrada al tercer trimestre del año, a los colegios, al trabajo, a mis fiestas favoritas, a las tardes de frío, peli, sofá y manta; a la ropa de entretiempo, a las puestas de sol más tardías, a los paseos por las calles de mi ciudad mirando hacia el horizonte, a la hipnótica migración de los pájaros, a los postres y las frutas de la temporada, a las nuevas canciones para poder dormir bien, y a los nuevos libros que voy a saborear...

Sin haberme dado apenas cuenta, ya han pasado diez meses desde que comenzamos el 2021. Mi propósito: ayunar una vez al mes con el deseo en particular de poder aumentar mi fe y hacer crecer mi testimonio. No lo he logrado todos los meses, pero en general, me siento contenta con los resultados. Son un poco mejores que los del año anterior y con eso me vale. Cada vez un poco más, cada vez un poco mejor, cada vez un poco más cerca...

Y por eso estoy aquí, apartando un poco de tiempo esta tarde de domingo, para contarte en unas pocas líneas lo que para mí significa saber que Dios existe. 

A pesar de que en muchos momentos me siento sola y triste, gracias a ello, me he esforzado por acercarme más al Salvador. Y para mí esto es una pequeña victoria, porque cuando me siento así, no tengo muchas ganas de esforzarme en el espíritu. Me suelo dejar llevar más por mis sentimientos que por la fe, y acabo sintiéndome frustrada y agotada. 

Pero, esta vez, soy consciente de lo que puedo y de lo que no puedo hacer. Y eso, aunque parezca una completa tontería, me ha salvado de sentirme como una  inútil integral ,a establecerme ciertos límites y a no culparme por ello. 

Me estoy enfocando en leer y aprender mucho. A hacer lo que hago con mucho amor, no buscando la perfección en mis acciones, sino en llenarlas de significado. 

Sobre las cosas que no puedo hacer o que no puedo sentir, me estoy haciendo a la idea, de que ahora mismo no son importantes. Me estoy centrando en darle a mi espíritu lo que cada día necesita, sin agobios, sin presiones y sobre todo sin instrucciones. 

He descubierto que me estoy redescubriendo, y que el dolor, la enfermedad y la desilusión, forman parte del aprendizaje. Me gustaría que fuese todo de otra forma, pero como dice en las escrituras, no hay otra manera. 

Las personas más maravillosas que conozco, son las que han pasado o están pasando por las tribulaciones más grandes. Así que, si estás pasando por un mal momento, recuerda que el propósito de éstos, no son destruirte, sino enseñarte algo que debes aprender.

Cuando comprendas la enseñanza y la atesores en tu corazón, recibirás el alivio a tu sufrimiento, y Dios convertirá tu tristeza en un gozo inexplicable. 

Este es mi testimonio, y mientras sigo esforzándome por comprender las lecciones de vida que voy recibiendo, lo dejo todo, en el nombre de Jesucristo, mi Salvador. Amén

Love,
Adenay