11 abril, 2021
No estás perdida: Un mensaje para las mujeres de la Sociedad de Socorro

No estás perdida: Un mensaje para las mujeres de la Sociedad de Socorro



Hace algunos días, recibí un mensaje de texto pidiéndome que compartiese un mensaje espiritual con las mujeres de la Sociedad de Socorro de Tarragona. Siento si he dejado pasar demasiado tiempo desde que me llegó la invitación para hacerlo, pero si empiezo a contarte todas las excusas que he tenido para no hacerlo, quizás dejes de leer mi mensaje desde este punto en adelante para evitarte el aburrimiento...
Así que no me andaré con más rodeos e iré directa al grano. Me he estado sintiendo tan triste últimamente, que no era capaz de sentir el espíritu. ¿Y cómo podría compartir un mensaje que mínimamente pudiese animar o elevar a alguien si, literalmente yo, soy el reflejo de todo lo contrario que invita a sentirse o ser feliz? No tengo nada bueno que contar, nada interesante que compartir, nada optimista que decir...Siento que me he perdido. 

Y pensando en lo perdida que estoy, hoy mientras tú compartías conmigo tu testimonio desde el púlpito, me he acordado de todas las veces que a lo largo de mi vida, he perdido algo que me importaba, y cómo el Señor, casi de manera automática, me lo restauraba. 

Es curioso, ¿no?. "Padre Celestial, he perdido las gafas, no las encuentro, las necesito. Dime dónde están..." Y encontrarlas. O en otra ocasión, "Padre Celestial, he perdido las llaves del coche, ayúdame. ¡Es urgente! "Y aparecen. "Padre Celestial...siento molestarte de nuevo, no encuentro mi pasaporte." Y llorar, volverme loca buscándolo por todas partes, volver a orar, y que estuviese en frente de mí al abrir los ojos. "Padre Celestial, llevo más de tres cuartos de hora buscando aparcamiento...¿a dónde voy?" Y ver como otro coche, de pronto, pone el intermitente para salir de su estacionamiento, y cederme su sitio a mí. 

Para algunas personas, espero que para ti no lo sean, esto son tan solo pequeñas coincidencias...sin embargo, para mí, fueron pequeños milagros. Pequeñas "señales" de que cuando le necesitaba, Él, SIEMPRE, estaba ahí. Y eso, amiga, me hacía sentir especial, me hacía sentir que mi comunicación con Dios era directa y recíproca y que pasase lo que pasase siempre podría contar con Él.

Pero, llegó la pandemia y..."Padre Celestial, me siento muy sola..." Y... silencio. "Padre Celestial, me siento angustiada, ¡necesito tu ayuda!" Y no cesa la ansiedad..."Padre Celestial, ¡no tengo fuerzas!" Y dormirme del cansancio. "Padre Celestial, ¡ayúdame a dejarme de sentirme así!" Y romper a llorar, tomarme la medicación para la depresión, hacerme bolita, y sentir que cada vez me hago más y más pequeñita. "Padre Celestial, quiero desaparecer..." Y despertarme de nuevo al amanecer. 

¿Porqué antes sí y ahora no? ¿porqué para encontrar objetos perdidos o cosas que necesitaba, estabas ahí para mí, y ahora que es cuando más te necesito no te siento cerca?

¿Qué testimonio voy a compartir?, ¿Qué mensaje?

Hoy mientras estaba sentada en los bancos de la reunión sacramental, tú compartías tu testimonio y yo permanecía sentada. Tú abrías la boca y yo callaba. Tu llorabas de emoción, y yo...yo no quería levantarme  y ponerme de pie a llorar también contigo. 

Y entonces lo he entendido...

El otro día, perdí un trabajo en el que había estado trabajando durante muchas horas. No había manera de recuperarlo. No estaba en documentos no guardados, no estaba en la papelera, no estaba en ninguna de mis carpetas...¡me desesperé!. Luego me frustré y después de un par de horas, decidí empezar de cero. Conforme comenzaba a redactar, me empecé a frustrar. No me podía concentrar y me costaba mucho recordar las palabras que había utilizado para crear mi anterior proyecto. 

Mi marido también se había rendido y yo, ¡me sentía tan inútil!. Lo único que podía hacer era lo que me había funcionado hacer en otras ocasiones. Eso era...orar. 

Así que oré. "Padre Celestial..." y vi la imagen del icono de la papelera del ordenador en mi mente. Me levanté. Encendí el ordenador de nuevo. Hice clic en papelera. Hice clic en el nombre de un documento súper extraño. Se abrió. Era el documento perdido. ¡Gracias!

La efusión duró un tiempo. Me sentí especial de nuevo, a al menos diría yo, agradecida por la ayuda recibida. Pero luego, a pesar de mi esfuerzo por estar bien, por seguir trabajando y continuar con mi día, las cosas se torcieron... (solo un poco). 

Y de nuevo sentí todo aquel terror, todo aquél desánimo, todas aquéllas dudas, todo aquél miedo...y otra vez me quejo porque "Dios no me quiere y pasa de mí."

Hasta hoy. Hasta que  he comprendido Su mensaje. Hasta que he mirado alrededor de mí. 

Te he visto. 

Os he visto a cada una de vosotras, mujeres de fe excepcional e inquebrantable, y entonces se lo he pedido:

- "Padre Celestial...me he perdido ¿Me ayudas a encontrarme?". 

-"No estás perdida. Estás en Casa".


XXX Love, Adenay XXX