Cuando nacemos, lo primero que hacemos para presentarnos al mundo es llorar. Lloramos porque necesitamos respirar, lloramos porque necesitamos comer, lloramos porque sentimos frío, lloramos porque tenemos sueño, lloramos porque queremos que nos carguen en brazos...
Pero, ¿y si también llorásemos porque ya no nos encontramos en la presencia de Dios?, ¿y si llorásemos porque echamos de menos nuestro hogar celestial?.
Esta semana he estado leyendo The God Who Weeps (El Dios que solloza,) un libro escrito por Terryl Givens y Fiona Givens.
Terryl Givens es profesor de literatura y religión en la Universidad de Richmond y un destacado autor de varios libros aclamados por el New York Times. Entre los títulos más relevantes de sus obras se incluyen When Souls Had Wings (Cuando las almas tenían alas), una historia acerca de la idea sobre la preexistencia , y la biografía de Parley Pratt ( ganadora del premio al Mejor Libro de la Asociación de Historia Mormona, en 2012).
Fiona Givens, profesora de Historia europea en la Universidad de Richmond, actualmente retirada, después de dirigir el Programa de Lengua Francesa en la escuela de Patrick Henry High School, en Ashland, Virginia. Como trabajo adicional a su educación, se dedicó a varios proyectos de traducción a lo largo de su vida, y también como directora de comunicación. Esta es su primera colaboración con Terryl como escritora.
Lo que inspiró a estos dos profesores de historia para escribir este libro, fue la preocupación que sintieron por los jóvenes intelectuales de la Iglesia que se estaban alejando de ella a causa de algunos aspectos de su historia.
Fiona remarca: "Si la historia no puede salvarnos, sí lo puede hacer nuestra teología".
Terryl comenta: "Si las personas se alejan de la Iglesia, al menos queremos asegurarnos de que sepan realmente de qué se alejan".
Los Givens utilizan muchas citas filosóficas de los grandes pensadores de la historia para conectar con la teología mormona y exploran cómo ésta doctrina da sentido a la vida.
Es un libro con el que he llorado.
Si alguna vez te has preguntado cómo es Dios, en este libro aprenderás que tu Padre Celestial tiene un corazón que late en sintonía con el tuyo, sintiendo gozo por tus logros, y angustia por tus aflicciones y dolor.
Entonces, si tuvieses la oportunidad de hablar con Él cara a cara, ¿qué le preguntarías?
Me enternece y al mismo tiempo me asombra, la pregunta que escogió hacerle Enoc, cuando tuvo la oportunidad de hablar con el Señor:
¿Cómo es posible que tu llores, si eres santo, y de eternidad en eternidad?Este libro es lo más maravilloso que he leído en mucho tiempo.
¿Te animas a leerlo?
Love, Adenay:)

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